Entrenar en el agua


Estos son los beneficios extras que aporta:

Elimina el impacto: el medio acuático disminuye el impacto con el suelo y con esto las tensiones sobre las articulaciones. Favorece la relajación de la musculatura, la descarga del peso en la espalda, facilita los movimientos por la liberación de peso y propicia un mayor radio de acción en las articulaciones, por lo que es un excelente recurso de recuperación.

Aumenta la intensidad del ejercicio: cuanto más fuerte se ejecuten los movimientos dentro del agua más resistencia a ellos encontraremos, aunque como contrapartida, éstos serán más veloces.

Equilibrio muscular: la resistencia homogénea que existe alrededor del cuerpo, unida a la hipogravidez, hace que para cualquier movimiento deban trabajar los músculos agonistas “a la ida del movimiento” y los antagonistas “a la vuelta”, facilitando un trabajo muscular equilibrado. Al estar sumergidos se favorece la ejercitación simultánea de la zona superior e inferior del cuerpo y su equilibrio.

Mejora aeróbica: al tratarse de un trabajo global, el entrenamiento acuático proporciona una mejora significativa de la capacidad aeróbica, puesto que la cantidad de oxígeno solicitada es superior.

Reduce la frecuencia cardíaca: entre los factores que la propician están la disipación del calor, la gravedad, la comprensión, la presión parcial y el reflejo de inmersión. Esto permite un entrenamiento más intenso que en tierra.

Tonificación rápida y equilibrada: la resistencia ofrecida por el agua es una carga uniforme y equilibrada muy adecuada para el desarrollo muscular. La realización de tareas de mediana y baja intensidad y de cierta duración también proporciona una mejora de la resistencia.

Mayor consumo de calorías: se pueden quemar más de 500 calorías por hora caminando dentro del agua (unas 240 en tierra). El entrenamiento acuático también estimula el metabolismo por la mejora de los sistemas que gobiernan la fisiología corporal.