Una estación de servicio en Berlín es hogar y galería de arte


Turismo en Revista Zero.

Juerg Judin es un galerista que vive en una estación de servicio de los años 50 que le tomó años restaurar: “Yo soy suizo, tenía una galería de arte en Zúrich, pero lógicamente viajaba con mucha frecuencia a Berlín, que es un verdadero hervidero de artistas. En una de las tantas esquinas abandonadas de la ciudad, a principios de los 90 vi una estación de servicio destruida, grafiteada y con cartel de venta. Cada vez que venía, pasaba por enfrente. Y fantaseaba. Pasaron trece años. Un buen día, el cartel desapareció”, cuenta.

Judin revisó una de las muchas fotos que le había sacado a la vieja Shell, identificó el número de teléfono en el cartel, llamó: seguía a la venta; el letrero se había caído, nomás. Ahí mismo concretó, en 2005, un lazo que lo llevó a mudarse, instalarse y dejar de ser un ave de paso.

Un punto delicado de la obra fue reemplazar los azulejos dañados de la fachada por los que quedaban en buen estado en el taller mecánico, donde estaba la fosa. También fue difícil conseguir los vidrios curvos de lo que hoy es el living y, antes, el kiosco donde se compraban golosinas, revistas y se pagaba la nafta.

“La estación de servicio”, como todos la conocen, en 2009 se alzó con el Premio de Arquitectura que la ciudad otorga cada tres años a los proyectos más innovadores.